LEYENDA DE LOS HIJOS DEVORADOS

            

 

 

 

LEYENDA DE LOS HIJOS DEVORADOS
En torno a la Puerta de Moros (estaba entre la Plaza de la Cebada y la calle de Don Pedro), todas las noches se escuchaban voces fantasmales, gritos y aullidos, que se atribuyeron al alma de un morisco que había muerto al recibir el bautismo. Ante esta situación molesta, un grupo de cristianos colocó una cruz en el frontispicio de la puerta para liberarla de la maldición, pero no sirvió de nada. A los pocos días, los vecinos de la zona aseguraron ver a tres espectros atravesando la puerta a la vez que decían el nombre de una persona a la que culpaban de sus muertes. Los vecinos descubrieron que el asesino era un hombre armenio que había matado a sus tres hijos para comérselos. El parricida murió al ser azotado y con su fallecimiento desaparecieron los fantasmas.

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