HISTORIA DE ARANJUEZ
Por la suavidad de su relieve, la fertilidad de sus tierras y las virtudes de su clima, el valle dónde hoy se asienta Aranjuez, fué desde siempre lugar elegido por el hombre para realizar sus asentamientos. Así, se han encontrado restos del Paleolítico, el Neolítico y de las Edades de Bronce y Hierro.
Existen igualmente referencias documentales de que existía por la zona un núcleo de población a partir de la época romana.
Polibio y Tito Livio relatan una gran batalla ganada por Aníbal en la unión del Tajo y el Jarama, dónde la capacidad estratégica de los cartagineses consiguió vencer a un ejercito formado por mas de 100.000 hombres entre carpetanos, ólcades y vacceos.
Durante los siglos XI y Xll la comarca fue escenario de enfrentamientos entre musulmanes y cristianos por el control de la zona, ya que además es un territorio fronterizo.
En 1171 Alfonso VIII pone esta zona bajo dominio de la Real Orden de Santiago. Las tierras de Aranjuez se constituyen como zona de recreo de los maestres de la Orden y a tal efecto se construye una Casa-Palacio en el mismo emplazamiento del actual.
La historia actual de Aranjuez comienza en el momento en que Isabel la Católica consigue para Fernando V el nombramiento de administrador vitalicio del Maestrazgo de la Orden de Santiago en 1489.
Aranjuez comienza a ser frecuentado por los reyes.
A tal efecto se acometen reformas en la Casa-Palacio y en los jardines próximos. Así, dentro del Jardín de la Isla encontramos hoy la zona denominada Jardín de Isabel la Católica que era el lugar por el que le gustaba pasear.
Posteriores monarcas mantuvieron esas visitas con diferentes motivaciones, siendo la de la caza una de las más importantes. Carlos I constituye para tal fin el Real Bosque de Aranjuez. Durante el reinado de Felipe II dicho bosque crece en notoriedad y tierras constituyendo el Real Sitio en 1560. Comienza en esta época el plantío de árboles.
Pero la característica más representativa de este período era la prohibición de asentamiento de poblaciones. Era un territorio dedicado exclusivamente al disfrute de los monarcas. Hasta el punto de que los nobles y personalidades que gustasen de visitar a los reyes debían alojarse en las localidades cercanas.
Esta prohibición no riñe, sin embargo, con la construcción por orden real de fuentes, huertas, acequias y caces, se continúa el plantado de árboles y se construye el antecesor (y primera parte) del actual Palacio Real bajo orden de los arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera.
El exotismo y colorido de los distintos reinados han ido dibujando sobre Aranjuez curiosas estampas con las que hoy se viste cada rincón ayudando a evocar y trasladar al visitante a aquellos tiempos.
Así, en época de Felipe IV, se plantan 400.000 moreras para estimular la producción de seda. Las labores de cuidado de dichos árboles eran atendidas por camellos y dromedarios de los que había en 1652, 150 unidades.
No fue hasta el reinado de Fernando VI, que se permitió el libre asentamiento de pobladores. Se ordenó la planificación del trazado de la Villa de Aranjuez a Santiago Bonavía en 1747. Sorprende al visitante que sea precisamente la parte antigua de la población la que presente un urbanismo más ordenado, con calles amplias formando cuadrículas. Cuando lo habitual en otros núcleos urbanos es lo contrario. Ya se ha mencionado la razón. Aranjuez fue "dibujado" primero y construido después.
Fernando VI fue un monarca gustoso de los grandes espectáculos, inventos y eventos, necesitaba una corte ante la que mostrar dichos acontecimientos y de la que rodearse en su papel real. Favoreció así un pueblo dirigido hacia El Palacio Real con grandes avenidas en tridente al estilo de Versalles que pudieran contemplarse desde las ventanas de sus aposentos. Las casas que franquean dichas avenidas pertenecientes a nobles y personalidades de la corte, armonizan unas con otras y sus propietarios han de hacer frente a la normativa real que obliga a su mantenimiento y conservación. El rey prohibió sin embargo la presencia de escudos y leyendas en sus fachadas con el fin de no ensombrecer su presencia. El resto de la villa se desarrolla también con criterio y una ordenación estudiada en función de armonía y belleza partiendo de la Plaza de la Mariblanca y cuidándose de emitir la consiguiente normativa real para su conservación.
Nace por fin el Real Sitio y Villa de Aranjuez.
Monarcas posteriores como Carlos III continuaron la creación urbanística e hicieron de Aranjuez un ejemplo de ciudad ilustrada con el levantamiento de importantes edificios civiles, como el Hospital de San Carlos, El Teatro, el Convento de San Pascual, y el puente Largo y el de la Reina.
Y fue Carlos IV quien más engrandeció los jardines, siguiendo en persona su planificación y construyendo la suntuosísima Casa del Labrador que no adolece de ningún lujo, ni siquiera del de la leyenda.
Por último, las iniciativas particulares de grandes de la aristocracia que construyen aquí sus palacios y residencias completan el conjunto.
Una suma de fértiles tierras y planes de explotación agrícola con eficaces redes de regadío, unos jardines poblados de árboles centenarios que nacen de semillas llegadas de los 5 continentes y adornados con multitud de fuentes. Calles y avenidas llenas de amplitud y de luz que abrazan de manera mágica los jardines y a su vez estos, los sotos y huertas.
Un lugar elegido por la historia para el descanso y el placer de los sentidos y a la vez para la fiesta y el despropósito del lujo y la suntuosidad más absoluta de las cortes.
Una mezcla sin igual vivida por sus habitantes como un tesoro a conservar durante generaciones, y que hoy en día le ha valido el merecido reconocimiento de Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad.
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