El Carro del Diablo:
Este relato en cambio tiene parecido para el que la conozca con la leyenda de la construcción del acueducto de Segovia.
La leyenda transcurre durante la construcción en el siglo XIV de las torres de la primera catedral de Segovia, tarea que se encomendó a Juan Guas, este se comprometió a terminarlas en un tiempo determinado. El tiempo pasaba y llegaba la fecha límite, más las torres no alcanzaban la altura deseada, la desesperación del arquitecto llego al punto que en el último momento decidió acordar un pacto con el diablo; Juan Guas le vendería el alma si este le ayudaba a terminar el proyecto antes de cumplirse el plazo...
Por obra de este en mal día acordado convenio las obras se agilizaron sobremanera hasta casi culminarse, pero en el momento que quedaba solo un carro de piedras para el acabado de una de las torres el arquitecto olvidó el pacto, entonces el diablo en venganza desvió este ultimo carro al otro lado de la sierra quedando este petrificado, y desde aquel tiempo conocidas como "El Carro del Diablo".
Estas peñas con su curiosa forma se pueden encontrar en el camino mas usado desde el pueblo de Rascafría (1.163 m) al Puerto del Reventón (2040 m).
Puente del Perdón:
Para relatar la procedencia del nombre de este bello puente sobre el río Lozoya enfrente del monasterio del Paular hay que contar primero otra historia; la de los "quiñoneros", que también nos vendrá bien para el próximo relato.
En el sigo XIV el valle de Lozoya pertenecía al Concejo de Segovia, debido a la fragosidad de su vegetación y de sus pinares además de su difícil acceso era terreno idóneo para grupos subversivos de moriscos, malhechores y maleantes que hacían sus pillerías por estas tierras. Ante esta incontrolable situación los Reyes decidieron agilizar la administración de la justicia delegando parte de sus poderes, así de esta guisa en las villas que crecieron después de la reconquista nacieron unos milicianos llamados "quiñoneros".
Estos quiñoneros podían juzgar y administrar justicia en este territorio inmediatamente, e incluso la pena máxima, sin necesidad de consultar con la corte...
Las ejecuciones se cumplían en una casa denominada "casa de la Horca" a cinco kilómetros aproximadamente del Paular, entonces es cuando entra en juego el citado puente...cuando los reos ya condenados pasaban por el Puente del Perdón se les revisaba su sentencia y si se consideraba digna de benevolencia se les liberaba, de ahí este hermoso nombre...
El Convento de Casarás:
Esta construcción ruinosa al lado de la calzada romana que pasa por el puerto de la Fuenfría se encuentra ya en la provincia de Segovia pero me permito meterlo en el apartado de leyendas de Madrid por que se encuentra en la sierra de Guadarrama que comparten las dos provincias.
La leyenda parte de la figura de un caballero templario (a pesar de que la construcción parece ser más moderna que la desaparición de la orden) llamado Hugo de Marignac que al parecer conocía el lugar secreto donde se hallaba un tesoro perteneciente a la orden del Temple.
Hugo de Marignac debido quizás al trastorno por su soledad en el monasterio o por su condición de tesorero miserable quedóse prendido por una joven condesa dama de la reina Castilla que temporalmente residía en el palacio de Valsaín. Para desgracia del caballero este no es correspondido y busca los servicios de un monje o hechicero nigromante que ejercía sus servicios a los pies de Peñalara, los dos parlamentaron y el templario acordó revelarle el lugar del tesoro a cambio de ganarse el amor de la condesa, el hechicero preparó un extraño rito en el que el caballero debía atravesar con su espada el costado de una imaginaria figura de la dama...entonces el mago le exigió que cumpliese su parte del trato que Hugo denegó, el hechicero entre risas y carcajadas le desveló que en realidad había ajado realmente el corazón a la condesa...para cuando hubo de terminar estas palabras acabo de igual manera su vida en el mandoble del Templario...
Y desde entonces no se supo nada más de Hugo de Marignac a excepción de algunos relatos de los viejos hacheros de Valsaín que comentan convencidos haber visto su fantasma rondando por los pinares guardando celoso el tesoro escondido...
El Cancho de los Muertos:
Esta formación rocosa debe su tétrico nombre a otra historia de bandoleros. Una banda de salteadores secuestró a una joven señorita de rica y apoderada familia de Madrid. El jefe de este "grupejo" se ausenta temporalmente y los otros dos bandidos deciden aprovecharse de la joven, pero regresa inesperadamente y les sorprende, tras lo cual les juzga rápidamente y despeña al primero por este cancho más al intentar precipitar al segundo éste sujeta la pierna del cabecilla por lo que los dos caen al vacío, así acaban los tres despeñados a los pies del cancho rocoso.
Según las gentes del lugar durante un tiempo se pudieron ver los cadáveres de los tres bandidos en una grieta de este lugar...
La cueva de la Mora:
El relato de a continuación tiene su escenario ya en La Pedriza y tiene cierto tufillo a historias que se repiten a lo largo de la geografía española debido quizás a la larga ocupación musulmana.
"La Cueva de la Mora" (de difícil acceso) se halla cerca del refugio Giner, concretamente enfrente de su fachada principal y al Este de la Peña Sirio, parece ser que la hija de un rico árabe quedóse prendada de un joven cristiano. Ante esta situación fue secuestrada y retenida por sus familiares musulmanes en el interior de esta cueva. Pasaron los años y el caballero cristiano no regresó jamas a pesar de la ansiada espera por parte de la joven, por lo cual según las creencias de la gente de cuando en cuando el alma de la despechada joven se desliza vagando entre las formaciones rocosas y canchales tratando de buscar a su amor perdido...
La pisada del diablo:
También en las proximidades del monasterio del Escorial y aproximadamente a un kilómetro de la "Silla de Felipe II" (que tan acertadamente escogió para supervisar las obras del monasterio y que gustaba de ver a falta de televisión en la época) se halla un canto de granito en el que parece incrustada la enorme huella de un talón izquierdo, es la "llamada Pisada del diablo".
Una ermitaña del lugar llamada Martiña se encontró un día con la visita de un humilde peregrino que resultaba ser el mismísimo diablo disfrazado, éste intentó tentarla y seducirla ofreciendola poder y felicidad a cambio de que olvidase la enorme devoción que sentía por la Virgen. Martiña se negó en rotundo, y así cada vez de las numerosas veces que se lo ofreció el diablo...ante la negativa de la ermitaña el diablo sintióse frustrado y en medio de una gran explosión (que dejó grabada la huella del pie en la roca) se lanzó al vacío.

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